La histoire de "El gran soñador"

Una experiencia saltimbanqui - por Mario Litwin

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-  Mario Litwin  -

 Mario Litwin  es pianista, compositor y director de orquesta. Compuso en 1973 la música de "El gran soñador".

   

  

 Vive en Francia desde 1974 donde se desempeña como compositor de música para el teatro, el cine y la televisión. 


  Escribe frecuentemente artículos sobre el tema y ha publicado un libro : « Le film et sa musique »




 Todo comenzó un día de marzo de 1972. Hector Malamud me llama por teléfono y me dice : «Mario, hay una mujer que escribió una obra con los personajes de Carlitos Chaplin y el pibe, tenemos que leerla. » Esa mujer era Marta Gavensky, escritora y periodista. Al leer el libreto lo sentimos demasiado verbal, poco visual y dando una imagen de Carlitos Chaplin que no tiene nada que ver con el que conocemos todos. Era una especie de discusión psico-filosófica entre los dos personajes.


 Yo no entendía gran cosa de teatro y depositaba una confianza ciega en el talento de Hector. Confianza enriquecida por recientes experiencias teatrales que habíamos realizado juntos.


 Después de haber leido el libreto llegamos a la conclusion que debía modificarse. ¿Y porque no hacer una comedia musical con danzas y canciones? El paso siguiente sería encontrar el director que pudiera realizar la transformación y la actriz que pueda hacer « el pibe ». 


 La idéa que el pibe sea hecho por una mujer había sido de Hector. En un primer momento pensamos en Ana Maria Picchio pero ella estaba muy ocupada y no pudo aceptar. En cuanto al director, contactamos Oscar Arais, quién nos confesó no sentir gran simpatía por el personage de Charles Chaplin.



Un ensayo - Teatro Olimpia 1973 - Bs As


Finalmente optamos por Lia Jelin  como directora y Leonor Galindo  como actriz.


 Las dos se entusiasmaron con el proyecto. Una vez el equipo de cuatro así formado, todo el mundo estuvo de acuerdo que la obra debía ser totalmente gestual, musical y sin palabras para reproducir el universo del cine mudo de Charles Chaplin.


  Marta Gavensky asistió a los primeros ensayos, el nuevo libreto creado en función de improvisaciones de Leonor y Hector dirigidos por Lia Jelin, no tenía nada que ver con la obra inicial que Marta Gavensky nos había presentado. Marta tomaba notas. 

  El resto del grupo comenzó a tomar conciencia de la irrealidad de la situación cuando comprendimos que ella estaba convencida que se trataba de "su" pieza de teatro. Nos dimos cuenta que ella hacía modificaciones de su libreto inicial en función de lo que los ensayos arrojaban y que sin duda tenía la intención de registrarlo a su solo nombre. 

Hector Malamud



  Marta era una mujer de buena fé, yo ne pienso que ella haya tenido la intención de apropiarse del trabajo ajeno, pero probablement ella se fundaba en la premisa básica en el teatro moderno, según la cuál "todo lo que el actor hace, dice o improvisa sobre el escenario durante la representación de una obra, pertenece en adelante al autor de la misma"; solo que no se trataba de representaciones sino de ensayos con fines de creación.


 Es así que a partir del tercer o cuarto ensayo comenzamos a trabajar sin Marta, que se sintió excluída, pero la realidad era que la nueva pieza lo único que tenía en comun con la obra inicial eran los personajes, con el agregado que Chaplin y el Pibe, no eran en sí une creación de Marta.


 Cuando la pieza fue terminada, la registramos en Argentores como obra de Galindo, Gavensky, Jelin, Litwin y Malamud y yo como único compositor de la música. Si incluimos a Marta Gavensky como co-autora fue porque yo insistí. Yo pensaba que moralemente era nuestro deber porque ella había tenido la idéa. Ahora pienso, con todo el respeto que siempre tuve por Marta, que fue un error porque ella no había hecho nada en la obra a pesar de estar convencida de buena fe que la obra le pertenecía. Mi insistencia fué una injusticia frente à los verdaderos créadores de la obra.



Los verdaderos creadores


 Quiero hacer una aclaración porqué digo "los verdaderos créadores", para rendirles justicia. Con la distancia que da el tiempo, pienso que los principales autores fueron Lia Jelin, Hector Malamud y Leonor Galindo. Parrafo aparte para Jorge Shuscheim. 



 Jorge Shuscheim dió muchas ideas, pero su ayuda se revelo sin igual en los momentos en que no sabíamos cómo continuar. Ya séa con respecto al libreto o la la mùsica. Es un creador de gran talento, una fuente de ideas originales. Su cerebro es une maquina de crear, une  caverna de Ali Baba en la que se encuentran  tesoros inesperados. Es suficiente pedirle que se siente y que hable. 


 Sin Jorge Shuscheim El gran soñador no habrîa existido. Fué incluso él quien diô el nombre a la obra.


 Por mi parte, yo estaba al piano, componiendo en función de lo que las improvisaciones teatrales me inspiraban, no he sugerido desde el punto de vista teatral mas que dos o tres ideas. 


 Tres décadas mas tarde (en 2001), pienso que la mùsica de « El gran Soñador » es una obra de juventud, ingenua. Puede ser que sea esa ingenuidad que le ha aportado el encanto que la caracteriza, (del cual el trabajo actoral de Leonor y Hector es indiscutible) pero ahora yo haría algo completamente diferente. Ciertos temas son tan banales ("obvios", como decía Lia Jelin con justa razón) que los he olvidado. 


  Sé que muchos pasajes de la música, a lo largo de las diferentes representaciones retomadas por otros intérpretes, han sido cambiados. A pesar de que yo no ví esas nuevas versiones, pienso que los responsables de esas modificaciones, artistas competentes, tienen razón y no tengo nada que reprocharles. Tema principal de "El gran soñador" (Version reciente en mp3).


  Los ensayos duraron mas de un año, trabajando seis horas por día. Depués de varias tentativas de encontrar un teatro, el único que nos parecía viable era el teatro Olimpia, sito en Sarmiento 777. Por supuesto, lo tuvimos que alquilar, el propietario del teatro nos exigió una garantía, cada uno de nosotros puso 1.500.000 pesos de la época.


  El 18 de agosto, yo me fracturo el codo izquierdo a consecuencia de una caida por haber tropezado en la alfombra de la boite de Olivos donde yo trabajaba. El yeso no me impedía tocar el piano, a condición de no hacer movimientos rotatorios de la muñeca. Los ensayos no fueron interrumpidos por mi accidente, al contrario, era una buena excusa para no aceptar ciertos trabajos imposibles de rechazar en condiciones normales y me permitía estar mas disponible para « El gran soñador ».



                                                                            Pag 2 : El estreno




                                                                                                  Hay que hacer hoy lo que otros haran mañana - Jean Cocteau                         
Trabajar para gustar al público es demagógico. Hay que trabajar para gustar a la gente de la profesión. Es el mejor favor que se le puede hacer al público. -  Hector Malamud.     

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