La histoire de "El gran soñador"

Una experiencia saltimbanqui - por Mario Litwin

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-  Mario Litwin  -

 Mario Litwin  es pianista, compositor y director de orquesta. Compuso en 1973 la música de "El gran soñador".

   

  

 Vive en Francia desde 1974 donde se desempeña como compositor de música para el teatro, el cine y la televisión. 


  Escribe frecuentemente artículos sobre el tema y ha publicado un libro : « Le film et sa musique »



Estábamos en gira por la costa azul. Al terminar la gira decidimos volver a Paris por Italia, Suiza y pasar a visitar unos amigos en Lausana. Fue entonces que Hector lanzó la frase « ¿Y si vamos a visitar a Chaplin? ». Todo el mundo se rió de él pensando que su idea era absurda, sin embargo él no se resignó. 

 Al llegar al hotel de Lausana, lo primero que hizo es preguntarle a la recepcionista del hotel si se podía conseguir la dirección de una persona que vive en las afueras de Lausana. La recepcionista respondó que era facil hacerlo a travéz de las informaciones telefónicas. Esta no se mosqueó cuando Hector le dio el nombre : Charles Chaplin. Dos minutos mas tarde la operadora le dió el número de teléfono y la dirección : CHAPLIN CHARLES - Manoir de Ban 1804 – CORSIER SUR VEVEY - Teléfono 51 0351. 

 Hace poco me enteré por un funcionairo suizo que la lujosa finca, situada en los alrededores de Lausane, no era propiedad del famoso actor sino que le había sido prestada por la municipalidad considerádolo como un invitado prestigioso.

 A esta altura de los acontecimientos todo el grupo comenzó a tomar en serio la proposición de Hector, es asi que al día siguiente salimos a la once de la mañana en dirección de Corsier sur Vevey situada a unos pocos kilómetros de Lausane.

 Como no encontrábamos la calle, estacionamos la camioneta delante de un bar y bajamos Hector y yo para informarnos. En el interior del bar habia una docena de clientes. Hector hace irrupción en el bar y dice en alta voz -¿Alguien sabe donde vive Charles Chaplin ?. La situación era tan cómica (como era la costumbre de Hector) que yo sali a la calle conteniéndome la risa para evitar que los clientes pensaran que era un broma. Sin embargo al mirar a travez de la vidriera compruebo que la intervención de Hector había sido tomada en serio y que dos clientes estaban hablando con él haciendo gestos indicándole el camino a seguir.

 La mansion se encontraba a unas pocas cuadras, del otro lado de la autopista. Un paredón protegía la propiedad y una entrada de coches abierta dejaba ver el parque y la finca. Al pasar delante de la entrada pudimos ver un hombre, sin duda un mayordomo, que nos pareció vestido como un mozo de restaurant.

 Alberto estaciona la camioneta sobre la vereda, como es la costumbre en esos paises, a pocos metros de la entrada. Es Leonor que desciende y llama al mayordomo. Este, muy cortez, se acerca a Leonor que le pregunta

" ¿Es aqui que vive Sir Charles Chaplin ?

- Si señora, es aqui.

 - Mis compañeros y yo formamos un grupo de teatro y hacemos una pièza que pone en escena su personaje, quisiéramos conocerlo.

 - Imposible señora, el señor está en Londres haciendo la música de una película. Lentamente el resto del grupo bajamos de la camioneta y nos incorporamos a la conversación. Gino (el mayordomo es italiano) nos invita cortesmente a pasar al jardin. Y la conversación se anima.

De pronto, sorpresa, una Bentley conducida por un chofer (Américo, otro italiano). pasa la puerta cochera y vemos en el interior al anciano Charles Chaplin y a su esposa Oona. Estos pasan sin siquiera mirarnos. Me acuerdo como si fuera hoy de los comentarios de mis amigos « Es él » dice Leonor. « No lo puedo créer » dice Hector.

Gino cambia complétamente de actitud, su voz firme adquiere un timbre de disculpa, nos dice

 - Ya ven ! Es así ! Está muy deteriorado, todos los días a esta hora lo sacan a pasear un poco. Desde hace varios años no reciben a nadie.

- ¿Y la señora Oona no puede recibirnos ?

- Menos que nada, la señora es muy tímida, no recibe a nadie.

- Bueno, dice Léonor, lo único que quisiéramos es que él eche un vistazo a nuestro pressbook.

 - Yo no puedo prometerles nada, déjenmelo, llámenme a las cuatro de la tarde y les daré una respuesta.

Subimos a la camioneta y aprovechamos para ir a conocer Berna, situada a unos sesenta kilómetros del lugar. En el camino de regreso, a las cuatro de la tarde, Leonor llama a Gino quien le dice:

– Bueno, el señor ha visto su pressbook, así que ahora pueden pasar a retirarlo. Cuando llegamos a la finca, Gino nos dice 

– Voy a ver si puede recibirlos, pero por favor, solamente un minuto, el tiempo necesario solamente para « tocar » su mano. Le expresion sonaba un poco mística, pero debía atribuirse a la falta de experiencia de Gino en la lengua francesa, quien hablaba sobre todo inglés con su patron (Charles Chaplin hablaba solamente su lengua natal).

 Así hemos entrado en la casa de Charles Chaplin, por la cocina, donde se encontraba Américo quien nos fué presentado por Gino. La circunstancia era cómica pero mas cómica fué cuando nos enteramos que la prensa argentina había escrito que « habíamos sido invitados por Charles Chaplin y recibidos con todos los honores » lo que no fue cierto. Durante los diez o quince minutos que duró la espera, y donde no había donde sentarse, se nos fue ofrecido una cerveza para cada uno y un helado para Mariana.

 Cuando Victório nos invitó a entrar al gran living, pasamos delante de un pequeño office en el que podían admirarse varias decenas de fotografías colgadas de la pared o encuadradas sobre el escritorio. Fue en ese momento que pudimos tomar conciencia de la dimension de la experiencia que estábamos viviendo porque en esas fotografias podían verse imágenes inéditas de « Carlitos » en plena taréa o en momentos de descanso de la filmación. 

 En otras podía verse a Charles Chaplin en la intimidad con su familia o en medio de amigos, entre los cuales podían reconocerse algunos personajes célebres. En otras palabras : nos sentiamos penetrar en la intimidad de una persona y esa persona era nada menos que Charles Chaplin.

 Por respeto, las cámaras fotográficas decidimos dejarlas en la camioneta (French way. Se aprenden muchas cosas insospechadas en la vieja Europa) . El actor se encontraba de espaldas sentado en un sofá, viendo un partido de base-ball. 

 En fila india pasamos del otro lado del sofá. Tenía nuestro pressbook a su izquierda, sobre el sofá.  Escena impresionante, lo ùnico que podía reconocerse del anciano en el crepúsculo de su vida, eran sus ojos. No hablaba, no tenía fuerzas, pero sonreía y nos dió su pequeña mano a cada uno. 

 Fue delante mío que antes de estrechar mi mano, levantó su brazo como para saludar a lo lejos y lanzó una exclamación, una especie de mugido lastimoso y ahogado. Cada uno de nosotros improvisó una pequeña frase de saludo, fue la de Hector la mas emocionante : 

 -Merci! Merci pour votre travail !

 - Después nos dimos cuenta, colmo del gag póstumo entre dos grandes del humor, Charles Chaplin no comprendia el francés. De todas maneras, ¿qué importancia tiene ? Para nosotros fué un momento magico, para el pobre viejo un momento completamente banal al final de su camino y que posíblemente lo contrariaba por el hecho de interrumpirle su partido de base ball a la televisión.

 Hoy en día me pregunto ¿qué hubiera pasado si Chaplin se hubiera encontrado en plena lucidez y en buena salud? Conociendo su espíritu implacable de los negocios es muy probable que él se hubiera arreglado para demandarnos en justicia por haber « plagiado » su personage y que nos hubiéramos encontrado frente a una demanda de varios millones de dólares.

                                                                             Pag 8: The end


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